Francisco I

Carnetizado y todo

Por Álvaro

Con la humildad y sencillez que (no) los caracteriza, los argentinos estallaron de felicidad cuando El Vaticano nombró a Jorge Mario Bergoglio como Embajador #266 de Dios en la tierra. Con excepción de los hinchas de Huracán, seguramente iracundos toda vez que Francisco I resultó ser socio de su archienemigo San Lorenzo de Almagro, imagino a los nacidos en la tierra de los asados y el fernet celebrando su elección cual título futbolero. De Bergoglio (apellido que se presta para todo tipo de juegos de palabras imbéciles que omitiremos en este espacio) puede decirse que luce mucho más mediático que su antecesor germano, e incluso que ha roto el típico y hermético perfil papal con simpáticas proclamas como con la que se dirigió a los 114 Cardenales que lo eligieron, a quienes les dedicó un locuaz “que Dios los perdone”.

Después de 54 titulares de prensa con el encabezado “La mano de Dios” y de 34 mil aportes en redes sociales de gente tomándole foto a su almuerzo con el texto “habemus papa”, el sucesor de Benedicto dieciséis le habló al mundo encaramado en el balcón de la capilla sixtina y prometió un montón de cosas cual aspirante a una curul en la Junta Administradora Local de Puente Aranda. Vaya uno a saber si va a ser una figura decorativa o un tipo que haga historia.

Fiel al compromiso con la verdad que nunca ha tenido, Fútbol en AM está en capacidad de informar que, después su presentación en sociedad ante 1200 millones de católicos, el picaresco Francis the First ofreció disculpas con micrófonos apagados a los hinchas de su equipo San Lorenzo, uno de los 5 grandes de su país, pero que en recientes años ha caído en mediana desgracia, teniendo incluso que jugar la promoción para asegurar su permanencia en Primera. Desde su cargo de monarca mundial del catolicismo, don Francisco se comprometió a velar por la niñez del mundo, a no hacerse el pendejo con los casos de pederastia en la Iglesia y por último, pero no en orden de importancia, a mover influencias divinas para que al ciclón dejen de caer ciertos fichajes colombianos carentes de la mínima capacidad motriz para patear un balón. Y como recordar es vivir, o en este caso morir un poco, traigo a colación tres de estos nombres.

Portocarrero, Galarcio y Virviescas

Pedro Pablo, Manuel Eugenio y Kilian Edwin

En 1999 y ante el vacío que dejó Iván Ramiro Córdoba al emigrar al Inter de Milán a cambio de 17 millones de dólares, algún malintencionado empresario chibcha vendió el nombre de Pedro Pablo Portocarrero como solución para tapar los nuevos huecos defensivos del ciclón. Proveniente de Santa Fe, el buen Pepe desembarcó en Boedo, donde estuvo sólo un año con un rendimiento mucho menos precario del que le conocemos. Aunque su paso por Argentina le sirvió para ir al Tenerife de España, rápidamente el fútbol puso las cosas en su lugar y nuestro rústico pega-patadas ha deambulado desde entonces por franquicias medianas como Huila, Cúcuta, Patriotas y Equidad, donde pernocta por estos tiempos.

Con la camiseta azulgrana, Kilian Virviescas jugó en 2004. Pese a no haber rendido un año antes en River Plate, su reputación de futbolista virtuoso se mantenía. Usando el patentado tuteo en tercera  persona del singular para describir habilidades, Kilian Edwin estaba llamado a ser un completísimo lateral que “te quita, te entrega y te da salida por la banda”. Hoy, 9 años después y luego de haber pasado sin pena ni gloria por clubes de Chile, Brasil, Perú y otros de Argentina, queda claro que esta anacrónica descripción no podía ser más desacertada.

Lo de Manuel Galarcio fue mucho más fugaz e impresentable. Siempre alternando su carrera de futbolista con recepciones en fincas, citas en juzgados, sobornos para arreglar partidos, cortes de pelos inmundos y reclusiones en prisión, Manuel Eugenio jugó un solo partido con San Lorenzo. Fue durante la administración de Óscar Ruggeri como DT, en 1998, que el emblemático zaguero procedente del encopetado Atlético Bucaramanga jugó un amistoso ante Deportivo Español. Y aunque lo de Galarcio en San Lorenzo fue debut y despedida (se dice que un lío familiar lo hizo devolverse), en el Bajo Flores aún se rumora que su nefasta figura sigue impregnando de precariedad al equipo.

Con la camiseta del ciclón

Según el reporte de nuestras incomprobables fuentes, con lágrimas en los ojos y profundo desasosiego, el nuevo Pontífice ofreció disculpas a todos los hinchas de San Lorenzo por los torpísimos fichajes de Pepe, Kilian y Manuel. A juicio suyo, han sido cuota clave para aproximar a San Lorenzo a ese destartalado bache del cual, pese a los años, no ha logrado salir. De su reflexión no escaparon Iván Ramiro Córdoba, Totono Grisales, Mauricio Molina, ni El Caimán Sánchez, cuyo paso por el equipo fue destacable. El caso es que ahora, con su nombramiento como CEO de El Vaticano, espera que la divinidad intervenga para blindar a su equipo de nuevos defensas chibchas de corte demoniaco. Digan ustedes, un Jong Harold Viáfara, un Humberto Mendoza o, en el peor de los casos, un Ignacio Ithurralde si se nacionaliza colombiano…

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