Luis Amaranto Perea

Perea, versión 2012. Siempre juega, así juegue mal

Por Álvaro

Minuto 64. 0-0 parcial. Jaguares y Cruz Azul abrían la fecha 10 del Apertura 2012 en México. Partido parejo en la calurosa ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Desborde por derecha para el local, centro al área, débil cabezazo del colombiano Luis Gabriel Rey y ahí… justo ahí… tiempo, distancia y torpeza se juntaron para que Luis Amaranto Perea terminara empujando el balón lentamente hacia su propia meta. Para Jaguares, fue victoria 1-0. Para Cruz Azul, vientos de crisis. Y Para el defensa colombiano, el sexto autogol de su carrera. Leyó bien. Sexto. Cifra escandalosa que se acentúa más si recordamos que, en 12 años de carrera, el buen Amaranto jamás anotó un gol.

No sé qué estadística aterra más. La de los 6 autogoles o la de los 0 goles. Que entre el diablo (Etcheverry) y escoja. Cualquiera de los 2 casos  son anti-récords que dan pistas para concluir algo más que evidente sobre Perea: lo malo que es.

Amaranto Perea es malísimo. No descubro mucho al decirlo. Se entiende que por su posición en la cancha no haga goles y que por la misma razón esté expuesto a anotar algún autogol. Pero es que también es torpe, aparatoso y desconcentrado. Yo creo que ni siquiera él mismo entiende cómo el Atlético Madrid lo mantuvo 8 años si hacía el ridículo en todos los partidos.

Además, un detalle no menor: Perea es colombiano. Desde que Colombia tomó como costumbre no clasificar a los mundiales, sus futbolistas se han desvalorizado más que un SuperNintendo. Por eso, ganarse un lugar en ligas importantes le exige al futbolista colombiano ser realmente bueno. A Roberto Bonano y Maxi López, por ejemplo, les alcanzó para robar en el Barça y el Milan porque son argentinos. Si fueran colombianos, no hubieran salido del Atlético Bucaramanga. Por su incapacidad y por su pasaporte, que Amaranto sume tantos años en tan alto nivel de competencia es inaudito.

Viendo su hoja de vida, es fácil entender que el fútbol ha sido muy generoso con él. Perea tiene más de 450 partidos como profesional. Pasó por el DIM, Boca Juniors, Atlético Madrid, actualmente juega en Cruz Azul y, a sus 33 años, todavía es un infaltable en convocatorias de selección Colombia. En sus vitrinas hay, por ejemplo, un título de campeón de Copa Intercontinental, dos de Europa Leagues y la marca de ser el extranjero con más partidos en la historia del Atlético Madrid, con 314.

Perea y Messi

Marcando a Messi. Adivinen quién ganó

Amaranto ha sustentado este tremendo palmarés en ser un jugador que (aplicando lenguaje futbolero de segunda persona del singular) te juega como central, pero también como marcador de punta. Que te da velocidad y seguridad por arriba y por abajo, que te quita, te entrega, te toca de primera y te da liderazgo. Pero, para mí, todos son sofismas. Una colosal venta de humo que todavía le sirve y que lo hizo desembarcar hace pocos meses en Cruz Azul . Y como era de esperarse, a la máquina cementera no ha demorado en comenzar a oxidarla.

La pregunta, entonces, que me carcome tanto es: ¿por qué Amaranto juega siempre, así lo haga mal? Evidentemente, algo debe tener. Imagino que sus DTs gustan de él por ser veloz, una cualidad fabulosa para jugar al fútbol y especialmente para ser defensor. Pero cuando la velocidad viene con poca fundamentación, con incapacidad para parar un balón o con tropiezos al tratar de salir jugando, la velocidad termina siendo una cualidad muerta o al menos insuficiente para triunfar en el mainstream del fútbol.

Ahora bien, siendo justos, de Perea hay que destacar que es un gran tipo. No estamos hablando de un Teófilo, un Bedoya o un Aristizábal. Perea es disciplinado, mesurado, profesional y muy querido por sus compañeros. Él nunca protagonizó un escándalo. Nunca tuvo un problema de conducta. Y es probable que esa madurez haya sido destacada, o para mí sobrevalorada, entre los técnicos que lo han dirigido.

Amaranto Perea y Paolo Guerrero

En la selección tampoco da, literalmente, pie con bola

Sin embargo, gracias a sus torpezas con la camiseta de la selección, Lucho ha venido generando bastante antipatía. Su última gran pifia con la tricolor fue en octubre de 2011, en el 1-1 ante Venezuela por eliminatorias. A poco del final, se le pasó un balón que tenía casi controlado, Venezuela convirtió su error en gol y terminó llevándose un punto del Metropolitano. Por eso creo que Perea se equivocó fuertemente en los 2 últimos partidos, ante Uruguay y Chile. Porque jugó bien.

Eso sí, así como no fue culpa de Chaca Palacios ser titular en Francia 98, cuando jugó en lugar de Iván Ramiro Córdoba (responzabilicemos a Bolillo Gómez que tomó la decisión), tampoco es culpa de Luis Amaranto haber sido inamovible en casi toda su carrera. ¿Qué le va a decir a sus técnicos? “Venga, profe, no me ponga. Vea que voy a regalar 2 goles”. Obvio, no. El tipo juega y si lo hace mal y lo siguen poniendo, es culpa de sus DTs. Luna, Bianchi, Manzano, Aguirre, Pinto, Lara, Bolillo. Todos mordieron el anzuelo de sus supuestos dotes.

Hace unos días, Gerardo Vallejo (otro defensa veterano con experiencia en selección y cuestionable talento) anotó su primer gol con 35 años. Fue ante la Universidad Católica por Copa Sudamericana. El marcador de punta del Tolima, célebre por su enloquecedor parecido con Pedrito Fernández, se retirará habiendo cantado un gol propio. De momento, no es el caso de Perea. Ya lo imagino todo triste al acordarse de un gol que le hizo al Real Madrid en 2007, pero que le anularon injustamente por fuera de lugar. Le hubiera servido para saber qué se siente anotar en un arco contrario porque en el propio ya lo hizo 6 veces.

No es por ser malo con Amarantico, pero en serio debería considerar el retiro y quedarse contemplando los éxitos de su esposa, la atleta nacionalizada española Digna Luz Murillo que, a diferencia de él, sí es buena.

Dice Juan Pablo Varsky que Messi juega siempre como Maradona jugaba a veces. En el sentido contrario, en unos años deberíamos recordar a Perea como un jugador con tanta regularidad, que jugaba mal todos los días. Después de todo, será un lindo homenaje dialéctico al que, para mí, es el peor futbolista colombiano que más triunfó.

Luis Amaranto Perea

Escúchame, Amaranto. ¡Retírate!

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