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Qué maricada, en serio

Robbie Rogers

Robbie Rogers se declaró gay y prefirió retirarse sabiendo lo que le esperaba


Por Álvaro

En junio de 1999, durante vacaciones de mitad de año del colegio, mi hermana mayor entró a mi habitación mientras yo veía un partido de tenis malísimo y me confesó que era homosexual. Semanas después, se lo iba a reconocer a mis papás. Yo, más joven y menos prejuicioso, lo asumí más fácilmente. A ellos, señores mayores de 50 años que esperaban ver su hija casada con un contador público con camisa dentro del pantalón y saco amarrado en el cuello, les costó más. Pero, aunque en principio la noticia intranquilizó a toda la familia, hoy, 14 años después, y viviendo abiertamente su gusto sexual por las damas, todos la queremos y aplaudimos su decisión de exteriorizarlo. Hay que ser valiente para hacerlo en un mundo machista, sexista, excluyente y, claro, homofóbico.

Y pocos escenarios como el fútbol para notar la homofobia. Porque es que se supone que el fútbol es “de machos”. Nuestros sesgos culturales dicen que sólo un “macho” aguantaría 15 patadas por partido, o tendría la valentía de picar un penal. Todos deberíamos entender que criar niños o mantener una cocina ordenada, labores usualmente ejercidas por mujeres, son las acciones más “de machos” que hay. Y si la gente se indigna hasta con un uniforme rosado, qué puede pasar con un futbolista que se declare homosexual. Imagino a todos sacando el José Galat que llevan dentro. Compañeros, rivales, directivos, periodismo, hinchas. Todos escupiendo rechazo. Por eso, con un lógico sentido de supervivencia, los futbolistas gays han tenido que esconderlo para seguir jugando -ahora, si usted cree que no existen futbolistas homosexuales, le aconsejo reposar una almohada contra su cara hasta dejar de respirar-. Sin embargo, por estos días, Robbie Rogers, futbolista estadounidense, tomó el camino contrario: renunciar al fútbol para admitir que es gay.

Juventus, 2012

El indignante (?) uniforme rosado de la Juventus

Rogers, de 25 años, lo reveló en su página web. “Siempre me he sentido distinto. He tenido miedo de mostrarme como realmente soy, de ser juzgado y de no conseguir mis sueños”. Californiano de nacimiento, Rogers surgió del fútbol universitario en EE.UU., jugó en las inferiores del Heerenveen de Holanda, pero sólo debutó como profesional en el Colombus Crew de la MLS. Actualmente, jugaba para Leeds United, pero estaba a préstamo en el inhóspito Stevenage de la League One (tercera división) de Inglaterra y tenía 18 apariciones con la selección mayor de su país. De hecho, con el US National Team, estuvo a punto de jugar el mundial de 2010, pero fue uno de los 7 descartados de la lista final de 23 futbolistas que fueron a Sudáfrica.

En su carta, Rogers, cuyo referente en el fútbol es Zlatan Ibrahimovic, cuenta que mantuvo oculta su identidad sexual por culpa de los tabúes que hay al respecto y para no perder la opción de conseguir metas deportivas y enorgullecer a su familia. “Trata de explicarle a la gente que amas que eres gay”, dice. Pero termina su comunicado aclarando que, al final, pesó más su condición y la libertad que le daba ponerla al descubierto. “Disfruté más de lo que pude imaginar y siempre estaré agradecido por esta carrera. Pero es hora de irme, de descubrirme lejos del fútbol (…) Soy un hombre libre y no podría ser más feliz tomando esta decisión”, concluye.

Neuer apoyó a los gays ocultos en el fútbol. La prensa lo tomó como una declaración

No sé hasta qué punto el buen Robbie sea el futbolista más reconocido (pasó por su selección, al menos) en admitir abiertamente su homosexualidad. En 2012, David Testo, otro estadounidense de menos prensa que jugaba para el Montreal Impact de la MLS, lo reconoció, pero su equipo no le renovó contrato y hasta la fecha pasa hoja de vida y RUT por otros clubes sin que alguno se anime a ficharlo. Y un año antes, el alemán Manuel Neuer invitó a los futbolistas gays a contarlo. “Los hinchas van a acostumbrarse rápidamente. Lo que importa, es el rendimiento del jugador”, comentó con optimismo uno de los mejores arqueros del mundo, con lo cual algunos medios dieron por sentado que se trataba de una declaración personal.

Justamente por ese tiempo, se supo de otro caso de un futbolista perteneciente a la Bundesliga que reveló ser gay, pero sin ventilar su nombre. “Si mi sexualidad se hiciera pública, ya no estaría seguro. Tengo que ser un actor día tras día y negarme a mí mismo”, dijo el anónimo en una entrevista publicada por una revista política. Este testimonio provocó incluso la felicitación de la gobernante Angela Merkel, quien invitó a los futbolistas homosexuales a sentirse cómodos de (alerta eufemismo) “salir del clóset”. Ahora bien, si en Alemania, posiblemente el país más civilizado del mundo, estos testimonios escandalizaron a la gente, parece más cercano el día en que los políticos se vuelvan honestos, al día en que se rompa este tabú.

En nuestro ‘país más feliz del mundo’, por ejemplo, se habló en 2011 sobre una coalición de árbitros comandada por Óscar Julián Ruiz a la que se acusaba de darle supuesta preferencia a la promoción de referís gays. El escándalo, conocido como ‘La jaula de las locas’, comenzó un par de años antes con una serie de versiones de prensa que hablaban de jocosidades como desfiles en pantaloncillos de aspirantes a árbitros (en donde lo que habría que reprobar es el mal gusto de quien organizaba semejantes precariedades). Y luego, se desató con la denuncia de un joven árbitro quien acusó a Ruiz de acoso sexual. Como era de esperarse, el debate torció el rumbo y la atención de todos no se centró en la supuesta ‘rosca arbitral’ o en las presiones denunciadas, sino en indignarse con la posibilidad de que que el juez más importante de la historia colombiana fuera gay. Más allá de que esto sea cierto o no, ¿por qué nos debe importar que un árbitro copule con otros señores, si lo importante es que pite las faltas que son y que trabaje bien? Acá sí que cabe el coloquialismo (y advierto sarcasmo): qué maricada.

Óscar Julián Ruiz

Óscar Julián Ruiz

En síntesis, rumores sobre la homosexualidad de futbolistas y personas relacionadas con el fútbol hay muchos. Ciertos o no, claramente no es éste el espacio para lanzar nombres, pero una pasada por Google basta para especular con algunos.

Admito que mi experiencia familiar me hizo martillar prejuicios contra la homosexualidad, ponerme en los zapatos del otro y sensibilizarme con una situación que no tiene que ver, como muchos piensan, con traumas, violaciones de tíos borrachos en la infancia, o mala educación, sino con una condición humana. Con tranquilidad puedo admitir que tampoco me parecería tan grave tener un hijo gay (si es que algún día tengo). Digo, lo importante es que sea buena persona y útil para la sociedad, ¿no? Grave sería, por ejemplo, que resulte ladrón, bazuquero, uribista o cantante de reggaetón.

Posiblemente esta batalla esté perdida, pero como soñar sale gratis, desde ya brindo por el día en que aparezca un Harvey Milk del fútbol: un futbolista ojalá mediático, con coraje, talentoso y, por qué no, un raspapiernas que cumpla con el estereotipo de “macho”, tipo Gatusso o Puyol, que reconozca su homosexualidad y encabece lo que podría ser una nueva era en el fútbol, donde ser gay deje de ser más grave que asesinar a la abuelita y almorzarse su cadáver.

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